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14 de marzo de 2010

¡Subestímame ésta! - GITHEAD


Hace mucho tiempo, en una isla muy lejana, existió una banda llamada Wire. Formada en la ciudad de Londres por los amigos Colin Newman, Graham Lewis y Bruce Gilbert, fue una de las bandas más importantes de la primera ola de postpunk británico. Decididamente conceptuales y formados académicamente como artistas multidisciplinarios, han sido influencia (consciente e inconscientemente) de muchos artistas posteriores, entre ellos los Talking Heads, Yo la Tengo o Interpol.

Wire nunca tuvo un éxito apabullante y muy poca gente ubica a la banda y su importancia artística. Mucho menos saben que Colin Newman, el gran cerebro detrás de la banda, sigue activo con un proyecto lanzado en el 2004 bajo el nombre de Githead.

A Githead lo forman, además de Newman, el artista electrónico Robin Rimbaud (aka Scanner), Malka Spigel y Max Franken (estos últimos de la legendaria banda israelí Minimal Compact). Juntos han editado cuatro discos, donde conviven el sonido duro del punk, la electrónica y el arte conceptual en forma de ríos textuales vocalizados por los esposos Newman y Spigel.

El sonido de Wire era uno de los más agresivos de aquella época tan fértil. Reinaban las voces casi metálicas recitando frases abstractas; las guitarras eran distorsionadas y ambientales, mientras las cajas de ritmo se mantenían exactas. Githead retoma muchos de estos elementos, sin embargo se desentiende de su banda madre para incorporar otras lecciones del postpunk, como los bajos sensuales que evocan a The Slits o al Pop Group, quienes siempre estuvieron más enamorados del dub y su potencial bailable. En las secuencias, el espíritu del new wave vibra con fuerza, haciendo a Githead una amalgama de lo mejor de todos los géneros del rock surgidos desde hace 30 años. La inclusión de Spigel, Franken y Rimbaud a la mezcla predecía esta sinergia de sonidos y pensamientos.

Intelectualmente, Githead sigue poniendo el dedo en la llaga de la modernidad. Ellos hablan de la industrialización, el desapego emocional hacia el mundo, las neurosis provocadas por las redes mediáticas, etc. Poco a poco, Thom Yorke parece menos original y más un emulador virtual.

Githead no es una copia ni una versión, sino un tatuaje autobiográfico que exhala su genética y la recrea como si todos los sonidos inventados desde 1976 le hubieran pertenecido originalmente. Escucharlos es encontrarse con un viejo conocido que ha aprendido nuevos trucos. De inmediato uno reconoce líneas de bajo, riffs o ritmos, para descubrir que no, que no es que se les haya escuchado antes, sino que Githead (y Wire, por antonomasia) son la base de todo lo que escuchamos actualmente.

Si volver a lo básico es descubrir esencias, Githead es una parada obligatoria para comprender la ruptura histórica y el espíritu transgresor del punk más allá de los estoperoles y los mohawks.

Les recomiendo entrar a la página oficial de la banda para que conozcan su discografía completa.

También pueden leer esta entrevista de Pop Matters para conocer más sobre su filosofía de trabajo.





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22 de mayo de 2008

¡Subestímame ésta!

por Emmanuel

BELLE & SEBASTIAN

BelleAndSebastian


Hace algunos años, un amigo y yo solíamos dar vueltas por la ciudad de madrugada. Fumábamos un poco y manejábamos por las calles desiertas. Terminábamos en algún bar de Sanborn’s tomando martinis o en la azotea del aeropuerto, donde fuera, lo único que no podía faltar era buena música.

En el camino nos retábamos a crear el mix perfecto de canciones de Belle & Sebastian. Acababa de salir el Dear Catastrophe Waitress y eso había destrozado nuestra recopilación ya pulida. ¿Qué nuevas canciones había que incluir, cuáles tendrían que salir? Era un trabajo muy difícil, que sólo podía hacerse a esas horas.

Sin el bullicio de la ciudad, sonaban pristinas las composiciones de los escoceses, la dulce mezcla de vocalistas y los arreglos de trompetas y cuerdas. La guitarra distorsionada vibraba en las pequeñas bocinas del carro, mientras las historias meláncolicas sustituían a las personas que horas después llenarían las calles. Siempre fuimos fans de las letras sórdidas de Stuart Murdoch, mezcladas con su look de McCartney eternamente adolescente.

Nunca terminamos de decidir cuál sería el acoplado perfecto. Con un disco más y varios sencillos que también han aportado muchas canciones, el límite de un disco se tuvo que abrir a dos discos, y pronto llegaron los iPods que nos quitaron el placer de quemar CDs o grabar cassettes mezclados (eso sí era romántico).

¿Habremos sido los únicos preocupados en el mundo por hacer la colección definitiva de esta bella banda? Tanto nos afectaba –afecta– la mezcla de desamor y acordes mayores, tan en serio nos tomamos las "simple things to make a young boy sigh...".

Esas noches de libertad quedaron atrás, pero el gusto por esta banda enorme ha seguido creciendo, como un amor entre almas gemelas.

Hoy retomo el reto y les presento mi nuevo intento de recopilación. Espero que los clavados entiendan mis decisiones. Los que apenas llegan, les advierto: esta banda puede romperles el corazón y dejarlos vagando a medianoche.

Hagan click para bajarlo:

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21 de abril de 2008

¡Subestímame ésta!

R.E.M.

Por Emmanuel

REM

El nuevo disco de R.E.M., Accelerate, ha sido aplaudido por la crítica como un regreso a la excelencia por parte del trío de Athens, Georgia. Por años habían divagado tras la pérdida de Bill Berry.

Accelerate puede ser, en efecto, un regreso. Sin embargo, es sólo un retorno menor a Monster y New Adventures in HI-FI, trabajos que ya comenzaban a mostrar el deterioro creativo de la banda.

La carrera de R.E.M. es tan compleja como es fundamental conocerla íntegra. Podemos hablar de un antes y después de Out of Time, disco que los catapultaría a la fama radial. Debe considerarse que éste ya es un trabajo tardío de los sureños, y que detrás de él hay un cúmulo impresionante de música innovadora y vanguardista que cambió el mundo de la música.

Desde el extraño pop-folk distorsionado de su primer EP, Chronic Town, hasta los grandes himnos que se desprenderían de Green, R.E.M. sentó las bases para todo lo que hoy erróneamente conocemos como ‘indie’ – las letras intimistas, las vocales dulces, las guitarras melódicas y juguetonas (Peter Buck y Johnny Marr comparten este crédito de cada lado del océano), etc.

Éste R.E.M. es, en su mayoría, desconocido por las generaciones que hoy maman a tantas bandas acústicas y sentimentales.

De vez en cuando se escucha It’s The End of The World as We Know it, Stand, o The One I Love (grandes canciones en sí mismas), pero siempre ausentes están las obras maestras de Stipe y compañía: Driver 8, World Leader Pretend, You Are The Everything, So. Central Rain, 7 Chinese Brothers, Welcome to the Occupation, Fall On Me

Incluso otras, de sus discos más exitosos, han quedado por siempre ocultas a la sombra de los sencillos. Entre ellas, Low, Belong, Country Feedback ­(la favorita de Michael Stipe), Try Not to Breathe, Nightswimming, Find The River, et al.

En todas estas canciones podemos encontrar, literalmente, la tierra fértil sobre la cual ha crecido la cosecha de nuevas bandas de pop alternativo. Son canciones folk, en esencia, pues hablan de la gente y de los paisajes del sur de los Estados Unidos con sus campos vastos y vida tranquila/silvestre. En la luz de estas joyas están los comentarios políticos y la melancolía nocturna de romances inocentes.

Accelerate pasará desapercibido por una generación que ya ve a R.E.M. como una reliquia de la música (Losing My Religión se oye en Universal Stereo, no chinguen). Sin embargo, el espíritu de la banda se mantiene vivo en cada mandolina de Beirut y cada balada sinfónica del Arcade Fire, en cada arreglo de guitarra de Johnny Greenwood y cada coro pegajoso de Peter, Bjorn & John, en las comedias surrealistas de Of Montreal —¡también son de Athens!— y en las delicadas composiciones de Jens Lekman.

Si no se ven disuadidos a comprar, o mínimo escuchar el nuevo disco, no los culpamos. A cambio, les regalamos una selección única de Diez a Uno para conocer el lado más hermoso de la banda. Tal vez los que tengamos que regresar un poco somos nosotros...
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6 de febrero de 2008

Subestímame ésta

Por Emmanuel

ANI DIFRANCO

Ani Difranco


People used to make records
as in the record of an event:
the event of people playing music in a room.
Now everything is cross marketing,
It’s about sunglasses and shoes
Or guns and drugs, you choose…


Fuel



Cuando se habla de ‘indie’ se discute mucho sobre géneros o la industria musical. Sin embargo, se deja de lado la parte más importante del término: la independencia.

Cuando un artista decide crear independientemente del gran leviatán industrial, puede ser que su camino sea más tortuoso, pero está ganando su libertad. La libertad para componer la música que le gusta, para escribir sobre los temas que él decida, para hacer con su culo un papalote si eso es lo que quiere.

Pero hablo en masculino, y este post se trata sobre la mujer más independiente del rock (aunque probablemente tenga más huevos que todos los rockeros hombres juntos).

Ani DiFranco es nativa de Buffalo, NY, y desde finales de los ochenta ha portado la bandera ‘indie’ lanzando sus 20 discos en su propia disquera, Righteous Babe Records.

De matas verdes y moradas, botas para patear traseros, una guitarra acústica y axilas peludas bajo el brazo, Ani ha creado un cúmulo de trabajo inigualable, extrayendo de las vetas más profundas del folk tradicional (Woody Guthrie, Kevin Johnson, Utah Phillips) su filosofía artística: música sobre la gente, para la gente.

Su estilo ha ido variando a través de los años, desde sus inicios baladistas y de palabra hablada, pasando por el punk, y finalmente aterrizando en el jazz; sus letras, sin embargo, son símbolo de coherencia a través de los años: siempre crítica de la política y la hipocresía de la industria, defensora de la libertad sexual y el valor del trabajo de la gente común.

Cuando las etiquetas se vuelven nebulosas y los trajeados se aprovechan de estas confusiones, es bueno regresar a las raíces y recuperar el sentido de lo independiente, de lo humano. Ahí reside el valor de la música verdadera, en las voces únicas, que antes de ser un éxito radial, prefieren hacerlo a su manera. En este sentido, Ani DiFranco debe ser el mejor modelo a seguir en la música, dueña de su futuro y única responsable de toda su obra.

Ani es, sin duda, una de las más grandes artistas de las últimas décadas. No es ninguna sorpresa que la industria la haya pasado por alto, pero ustedes no pueden dejar de escucharla. Diez a Uno les comparte tres de sus mejores discos:

Dilate

Dilate, 1996


Little Plastic Castle

Little Plastic Castle, 1998


Living in Clip

Living in Clip (live) Disc 1, 1997


Living in Clip

Living in Clip (live) Disc 2, 1997
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6 de noviembre de 2007

¡Subestímame Ésta!

Jay Jay Johanson

Por Emmanuel

Jay Jay Johanson


Poco se sabe de Jay Jay Johanson: que es originario de Trollhättan, Suecia, que es un personaje andrógino y taciturno, y que desde mediados de los noventa ha creado hermosas melodías en la oscuridad del underground electrónico.

Contemporáneo de Portishead y Moby, Johanson es reliquia viva de uno de los movimientos más interesantes de la década pasada, el trip hop. Sus primeros discos, Whiskey (1996), Tattoo (98), y Poison (2000) lo presentaban como un Frank Sinatra posmoderno. Letras de amor perdido, caballerosidad extinta y melancolía mortal guiaban los beats densos y los scratches que ahora son nada, en la era del iPod. Con la aparición de Antenna, Johanson se reinventa como un héroe glam, a ratos Marylin y a otros Shirley Manson, y muta su sonido hacia un new wave cachondón que lo catapulta a nuevas audiencias.

Dos discos después, Jay Jay Johanson regresa con The Long Term Physical Effects Are Not Yet Known, producción que lo ve retomar su estilo crooner de manera novedosa. Sin cambiar del todo, su voz se siente fresca por la diversión que tuvo con On The Radio, su sencillo más conocido. Como si se hubiera echado un temazcal de días, Johanson emerge rejuvenecido y victorioso cuando su generación ha desaparecido de la escena mundial.

Otra sobreviviente de aquellos tiempos, Björk, compartirá el escenario con Johanson este próximo 8 de diciembre en el festival Sonofilia (¡ya deberían darnos pases por toda la promoción!). Debe agradecérsele que, debido a su fama, miles de personas conozcan a otro gran músico prácticamente invisible hasta ahora.

Ya sea en su faceta Ratpack o en modalidad Bladerunner, Jay Jay Johanson merece ser escuchado y reconocido como uno de los artistas más sobresalientes de la electrónica pop. Haberlo descuidado tanto tiempo puede ser un error, pero no se preocupen… hay tiempo para resarcirlo, so tell the girls that he is back in town.


El antes y el después, ustedes decidan con cuál se quedan:



So Tell the Girls That I am Back in Town



On the Radio


Descargas cortesía de Google...
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18 de octubre de 2007

SUBESTÍMAME ÉSTA

ENTRE RÍOS

Por Emmanuel

Entre Rios

Una corriente peculiar en la música es aquella que llamamos ‘pop’. Derivado de ‘popular’, es un término que no define nada, y lleva una carga peyorativa fuerte, al menos en nuestro país donde ser pop es ser fresa y banal, y sus agentes son Belinda, Timbiriche o Belanova.

En el resto del mundo el pop es más querido, precisamente porque es bueno. Desde la era dorada de Michael Jackson o Madonna en los ochenta, pasando por el revival de Kylie Minogue o los dulces acordes de su coterránea, Natalie Imbruglia, los desparpajos de Toxic Britney o el tongue-in-cheek de Robbie Wiliiams el pop sencillamente gusta, y seguramente más de uno en este blog tiene sus placeres culposos bien escondiditos.

Mi placer pop -nada culposo- se llama Entre Ríos. Formado por los argentinos Sebastián Carreras, Gabriel Lucena y una hermosa cantante llamada Isol, en el 2000 lanzaron sus primeras producciones, dos EPs llamados Temporal y Litoral, los cuales se pueden encontrar en una recopilación editada en México, llamada Completo. Más tarde presentarían dos LPs, Sal e Idioma Suave, para culminar con la obra en la cual quisiera centrarme: Onda.

La música de esta banda evoca tiempos y lugares muy lejanos a esa provincia argentina conocida precisamente como Entre Ríos. Su sonido es cercano a lo mejor del pop europeo, como St. Etienne, Goldfrapp, Múm, Lali Puna, etc. Su alineación podría remitirnos directamente a los mejores años de Mecano, con una joven Ana Torroja al centro del escenario, flanqueada por los genios musicales de apellido Cano (ya admítanlo, ustedes también oían a Mecano). Así conocí a Isol hace un par de años en una mini gira que hizo el grupo por la ciudad de México, ataviada de princesa de hielo, enmarcada por dos hombres de traje creando hermosa música electrónica.

Esa vez venían presentando las nuevas canciones que formarían Onda. Su obra maestra, el disco recupera los sonidos sintéticos de sus trabajos anteriores para proyectarlos hacia nuevas alturas: desechando un poco de melancolía en aras del baile, acelerando los ritmos y vistiéndolo todo con dulces armonías inauditas en el pop latino. Onda es un disco perfecto, acaso mi disco favorito de pop en español. Mientras aquí sufrimos cual perros ensordecidos los bramidos de la chica de Belanova, Isol exuda fineza, su voz es ligera y casi infantil, de un porte que en México no conocemos. Mientras el sonido pop del Café Tacuba actual suena más a Fandango que a New order, Carreras y Lucena crean atmósferas fantásticas, de ritmos actuales que no desmerecen nada junto a la escena europea o norteamericana. Una prueba más de que en español se puede llegar muy lejos, siempre y cuando se hagan las cosas con calidad y respeto.

Desgraciadamente, Onda serviría también de despedida para esta primera fase de Entre Ríos. Con el éxito obtenido, vendría una presión sobre el grupo de viajar por el mundo presentando su logro artístico. Esto hizo que Isol abandonara la banda para continuar con sus múltiples actividades como escritora e ilustradora de libros infantiles, obligando a los dos músicos restantes a buscar nueva vocalista. Aunque todavía no han presentado nuevo material, ahora con Paula Meijide en las vocales, intuyo que la magia de la primera alineación de la banda será irrepetible. Onda queda como testimonio de una ola de juventud y genio fugaz, inmortalizado para siempre.

OndaDa click en la imagen para descargar.

Entre Ríos, Onda.
Elephant Records (2005)
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5 de septiembre de 2007

¡SUBESTÍMAME ÉSTA!

La Buena Vida
La Buena Vida

Bandas de chicos y chicas cantando juntos han existido siempre, ahí están The Mammas and the Pappas, Fleetwood Mac, the Carpenters, por nombrar sólo algunas de las clásicas.

En el ‘nuevo’ movimiento indie esta combinación ha tomado una fuerza particular, explotando al máximo las voces masculinas y femeninas unidas para crear dulces armonías, y enriquecerse de ambos puntos de vista para ser incluyentes y universales. Para una generación melosa y cursi como la nuestra, unos coritos cruzados cantando sobre el amor pegan como si fueran tubo de acero, y si no, chequen nomás la belleza de bandas como Belle & Sebastián o The Postal Service.

Lejos de nuestras tierras, pero cerca de nuestras sensibilidades hispanas, una banda demuestra que esta combinación también es exitosa cantada en español, se llaman La Buena Vida.

Como su nombre lo indica, La Buena Vida se especializan en aquello que hace que esta existencia valga la pena, presentadas en un pop alegre pero melancólico, tal vez la mezcla más certera del siglo XXI. Como una tarde lluviosa en compañía del novio o la novia, estos donostiarras (originarios de San Sebastián, ¡y se parecen a Belle & Sebastián!; también a los Sundays, a St. Etienne, a Camera Obscura...) les calentarán el corazón en medio de un mundo gris y frío. Anacrónicos, sus letras hablan de amor, de viajes, de recuerdos y malentendidos; Irantzu Valencia y Mikel Aguirre combinan sus voces para crear un fino caleidoscopio de emociones que a todos hablan y a todos importan, a menos que usted, querido lector, sea un robot asesino venido del futuro. Como ya lo he mencionado en otras ocasiones, hay que ser un verdadero poeta para escribir rock en español (y si no lo eres, no lo intentes, Chetes), y estos españoles escriben verdaderas joyas, entre las cuales mi favorita es Reacción en Cadena, la canción más triste que yo haya escuchado en español:
Tantas idas y tantas venidas
dando vueltas siempre sobre ti,
que no sé si es mejor así,
sin compromisos, sin decidir.
He esperado tanto tiempo
A que tomaras una decisión,
para bien o para mal,
para mañana o para hoy.
Y supongo que no quieres saber
si vivo con alguien que me hace feliz
o si sigo tan triste que no soy capaz
de apostar por mí.
Hay en México algunos intentos de entrarle a esta variante del rock, con ejemplos nada desmerecedores como Hello Seahorse!, Un Teni, Quiero Club, etc. Son de lo mejor que hay en el país; como una radiografía de nuestros tiempos, queda claro que las cosas salen mejor cuando hombres y mujeres se ponen de acuerdo para crear. Sin embargo, y por ahora, me quedo todavía con la madurez musical y poética de La Buena Vida, y espero que más gente los escuche para alcanzarles en un futuro muy cercano.

Les dejo el video para una canción viejita (pero sumamente ponedora) de La Buena Vida, HH:MM:SS, del disco Álbum:





Soidemersol
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2 de agosto de 2007

SUBESTÍMAME ÉSTA

MERCROMINA



Por Emmanuel

Hace unas semanas hubo en este honorable (ni tan honorable, más bien piratón) espacio una discusión acalorada sobre el rock en México en comparación con la música hecha en el resto del mundo.

A veces nos gana lo malinchista y creemos que todo lo que está cantado en inglés es mejor, y a veces México sufre de nacionalismo entendido como que cantar en español es casi como aventarse del Castillo de Chapultepec envuelto en una bandera, o ganar la Batalla de Puebla.

Por eso en mis próximos posts hablaré exclusivamente de bandas que cantan en español, para tener referencias más inmediatas y poder ‘comparar’ un poco más objetivamente la música hecha en nuestro país.

Para comenzar, les cuento de Mercromina, banda española con muchos años de carrera, heredera de otra gran banda llamada Los Surfin’ Bichos. Mercromina se formó en Albacete en 1995, y desde entonces han editado 5 discos. Él único que yo he escuchado completo es Bingo, del 2002, y debo decir que es una joya del rock en español.

Lo escuché a través de los altavoces de Mixup e inmediatamente supe que era algo especial. Su sonido es expansivo, ambiental y al mismo tiempo reminiscente de muchas bandas de rock de estadio. Estilos parecidos podrían ser los de Radiohead, Spoon, los Dandy Warhols y Velvet Underground (¿hay algo que no suene al Velvet Underground?). En el sonido se evidencia la gran experiencia de estos españoles como compositores, haciendo uso de mucha tecnología para lograr arreglos dulces, escandalosos y melancólicos al mismo tiempo, pero sobretodo modernos, innovadores. La inventiva musical es algo que en México hace mucha falta (escuchando a Chetes con el Meme parece que escucho algo de 1960, qué hueva).

Las letras son en realidad poemas modernos, surrealistas y abstractos. La voz de Joaquín Pascual es la de un joven eterno, delicado y soñador. En su trabajo como vocalista y letrista queda claro que hay que tener una sensibilidad muy especial para escribir en un idioma tan complejo como el español. No por nada el inglés reina en el rock: es rápido, es divertido, es versátil. El español, en cambio, es largo, complicado y estricto. Hay que ser muy buen poeta para hacer rock en español (no como las notas periodísticas que escribe Arjona)

¿Qué bandas mexicanas han logrado este efecto, de un pop inteligente y estridente a la vez? Abro la pregunta y espero recibir propuestas, me encantaría escuchar a una banda mexicana con este nivel de creatividad y clase. Por lo pronto sé que Zurdok, Jumbo, La Gusana Ciega o Austin TV no están ni siquiera cerca de sonar al Paraíso, como suena Mercromina.

Les dejo el video al hermoso sencillo Chaqueta de Pana:

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17 de julio de 2007

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TELEVISION

Por Emmanuel


Uno no puede ser demasiado cuidadoso al momento de cuadrar los detalles que forman un movimiento tan drástico como el rock o el punk. Cada chispazo de juventud explosiva determina un nuevo sonido, una nueva camada de la música pop.

Son estas joyas espontáneas los Elvises, Ramones y Joy Divisions del mundo. Otro momento genial es Marquee Moon, de Television.

En 8 canciones, la banda de Tom Verlaine dejó un testimonio que, para muchos, sigue siendo desconocido y es importantísimo para la corriente de punk melódico que lideran los Strokes. Ellos mismos admiten haber tomado muchas cosas directamente de Television, y ahí son inteligentes por aceptarlo (nadie puso atención de cualquier manera).

Desde la portada podemos ver el atisbo de un Casablancas menos rico, más drogado y mucho más inteligente. Pero este no era sólo un vocalista carismático, Verlaine me suena más a Baudelaire.

Television también sonaba más a poesía que a MTV. Marquee Moon fue su pináculo y final. Como tantas otras bandas, volaron al sol y sus alas se derritieron. En este disco podemos ver el instante exacto donde el rock progresivo/clásico de las décadas anteriores se fundía por completo con el movimiento hipster neoyorquino de finales de los setenta para encender una vertiente de punk fino y preciso, y consecuentemente la supernova de 'música alternativa' que ha reinado desde entonces.

Las guitarras de Verlaine y Richard Lloyd llevan tanta historia sobre ellas que es difícil separar sus años como los anillos de un árbol. Ahí está Jimmy Page, Robby Krieger, Hendrix, Clapton, B.B. King, derretidos uno sobre otro, creando un paisaje ácido, infinitamente tratado de igualar en las décadas próximas.

Las letras, abstracciones estupendas de la ciudad y el momento correctos. El West Side demasiado intelectual para su bien.

Marquee Moon puede mantenerse en las sombras de un Nevermind the Bollocks o un Closer; pero una mirada minuciosa al rock actual puede mostrar los pequeños guijarros de Television por todas partes, incrustados aquí y allá en las chamarras, los peinados y los dedos ansiosos de una generación completa de Myspaceros.

Ahí, ahí está la vida eterna. No cayendo en el pozo de los discos de 99 pesos.
  • Marquee Moon. Elektra (1977)


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3 de julio de 2007

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The Magnetic Fields

Por Emmanuel

The Magnetic Fields

Canciones de amor pueden encontrarse más fácil que el herpes en un Spring Break. Nadie se ha mofado de este hecho mejor que Stephen Merritt, líder y compositor de los Magnetic Fields.

Cínico, neurótico, y genialmente calvo, Merritt es el tipo más prolífico del indie norteamericano, y curiosamente conocido solamente por un puñado de personas. Además de los Magnetic Fields, Merritt es también la cabeza de otras tres bandas: The 6ths, The Gothic Archies (hace poco se encargaron de hacer el soundtrack para Lemony Snicket’s Series of Unfortunate Events) y Future Bible Heroes.

En 1999 Merritt llevó su workaholism al extremo con un disco triple: 69 Love Songs, logrando el mejor disco de su carrera no sólo por la grandeza del proyecto, sino por el balance único entre lo realista, lo romántico y lo humorístico acerca del tema en cuestión: el amor.

Éste tiene muchas caras y pueden expresarse así, por ejemplo:

  • El amor de un hombre por la reina de la selva, en Queen of the Savages
  • El amor como obra dramática agotada, en The Book of Love
  • El amor como inconsistencia semántica, en la canción preferida de los comunicólogos: The Death of Ferdinand De Saussure
  • El amor como un viaje soleado en convertible, en The Luckiest Guy on the Lower East Side
  • El amor como sicosis latente, en Absolutely Cuckoo
  • El amor por un misterioso galán country en Reno Dakota
  • El amor como una visita turística a la ciudad donde vive tu amado, en Washington D.C.
  • El amor como obsesión, en I Don’t Wanna Get Over You
  • El amor como ejercicio de futilidad, en Meaningless
  • El amor como refugio, en You’re My Only Home
  • El amor como fetiche pedófilo bisexual en Underwear
  • El amor como restricción legal en I Can’t Touch You Anymore
  • El amor como ruego desesperado, en Kiss me Like You Mean It
  • El amor como puro azote egocéntrico, en If You Don’t Cry
  • El amor como homenaje a Billy Holiday, en My Only Friend
Cada una de estas canciones son joyas de un pop minimalista, oscuro, significativo. Son bastiones de creatividad donde muchos otros han tomado el camino típico: te quiero, te extraño, me haces falta. La voz en extremo ronca de Merritt (como un viejo Leonard Cohen) en colaboración con otras vocalistas crean un formidable catálogo de personajes realistas y fársicos de una ambigüedad sexual coquetísima.


Tratándose de pop, no van a encontrar nada más inteligente. Los Magnetic Fields resultan adictivos con sus rolas de 2 minutos de duración, con sus protagonistas seriamente desquiciados y tristemente modernos.

Al final, este compendio gigantesco de visiones acerca del amor resulta un mosaico hermoso de ese misterioso sentimiento: es todo y es nada, es dolor y felicidad. A todos nos llega y cuando nos llega, nuestro corazón es un pollo sin cabeza corriendo por el gallinero sin control. Para esta esquizofrenia abrumante, Merritt tiene una brillante solución:
We don’t have to be stars exploding in the night
Or electric eels under the covers.
We don’t have to be anything quite so unreal,
Let’s just be lovers..


Aquí, una probada del genio casero de los Magnetic Fields: Love Goes Home to Paris in the Spring.



  • 69 Love Songs. Disc 1. Merge/Domino (1999)
  • 69 Love Songs. Disc 2. Merge/Domino (1999)
  • 69 Love Songs. Disc 3. Merge/Domino (1999)



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17 de junio de 2007

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ARAB STRAP

Por Emmanuel


Arab Strap


Mentiras, patrañas, charlatanería. Eso es el rock. Cuando los músicos se bajan del escenario, no piensan en términos de Love Love Me do, All is Full of Love o Love me Tender. Se van a sus casas, se pedorrean, la cagan con sus esposas modelos (¿verdad, Tommy Lee?) y se vuelven horribles caricaturas de ellos mismos (¿verdad, Keith Richards?).

Por eso me gusta Arab Strap. Ellos se suben al escenario a ser caricaturas de ellos mismos, y sus canciones hablan de cómo se pedorrean y la cagan con sus ligues –ignoro si Aidan Moffat o Malcolm Middleton están casados, pero por la música que hacen apostaría a que nunca lo estarán.

Un banda con nombre de juguete sadomasoquista debe sonar así. Crudos, como una cruda. Rotos, como condón fatídico. Por ellos se derraman historias de decepción, engaño y depresión eyaculadas por los dos escoceses más ojetes que el mundo haya conocido.

Difícil creer que de esa minúscula nación hayan salido dos grupos tan disímiles como Belle & Sebastian y Arab Strap, y cuando los primeros decidieron nombrar su tercer álbum en homenaje a los segundos, recibieron esta respuesta:

“I don’t give a fuck what people think about me, but Arab Strap was on the front of their album in bigger letters than Bellle & Sebastian, and that’s not fucking cricket. I’m sure they’d be pissed off if we called our next album ‘Belle and Sebastian’… they’re taking away something from us”.

¡Nadie calla a Stuart Murdoch así! Es como golpear al niño cristiano de lentes de la clase. Pero ese niñito caguengue se la estaba buscando, y aprendió que no hay que meterse con el borracho de 3º B.

Por eso me gusta Arab Strap, porque son culeros como el mundo es culero. Porque son reales como una infidelidad de tu chica con tu mejor amigo. Porque cantan historias de amor pisoteado y jodido… no sé si a ustedes les quede el saco, pero a mí me vienen al dedo como anillo vibratorio.

Cuando pasas de los 16 (o de los 22, como dirían los Dears) el mundo mágico del amor feliz y eterno se ve más falso que Hogwarts. Arab Strap sabe cómo te sientes, y te lo escupirá en la cara.


Vean al culero de Moffat en The Shy Retirer:




Algunas descargas de Arab Strap
  • The Red Thread. Matador Records (2001) [parte 1]
  • The Red Thread. Matador Records (2001) [parte 2]
  • Monday at the Hug and Pint. Matador Records (2003)
  • Ten Years of Tears . Chemikal Underground (2006)


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23 de mayo de 2007

¡SUBESTÍMAME ÉSTA!

MAZZY STAR

Por Emmanuel

Mazzy Star


Tristeza. Incluso su nombre es hermoso. Tristeza. Tristeza. Suena al chasquido de un corazón roto. Suena a Mazzy Star. La tristeza era la guitarra de David Roback y la voz de Hope Sandoval.

Formados a finales de los ochenta, de las cenizas de una banda llamada Opal, Mazzy Star abrieron una herida en el mundo con su sencillo Fade Into You, tomado de su segundo LP, So Tonight That I Might See. Recuerdo la inserción promocional en revistas anunciándolos así: “If Rock n’ Roll is dead, Mazzy Star is the pale moon hovering over its grave”. Wow... no había mejor descripción. Ese disco era un compendio de verdaderas elegías de belleza alucinógena en medio de una década enojada, hastiada, gritona. La belleza no cabía en ninguna parte, si acaso podíamos verla tres minutos en la madrugada por MTV.

Su primer disco, She Hangs Brightly, era una producción mucho más accesible y mucho más ingenua también. Ahí, Roback y Sandoval jugaban al country desenfadado, coqueteando con las pequeñas baladas de amor que podrían haber sido cantadas por los Cowboy Junkies, Paula Cole, Eddie Brickell, etc. Para So Tonight That I Might See, los jovenzuelos habían abierto sus puertas de la percepción y desatado a los demonios de la melancolía, con un sonido mucho más cercano a grandes como Led Zeppelin, Jimi Hendrix, Dylan, Joni Mitchell, Velvet Underground; todo enmarcado por la triste, tristísima, tristisísima voz de Sandoval (todos temíamos perderla como una Karen Carpenter más). Además de Fade Into You estaban las maravillosas Five String Serenade, She’s My Baby, Bells Ring. Su simpleza era desgarradora (tanto que sus canciones eran las únicas que yo podía tocar en la guitarra), brutalmente fácil como decir ‘me voy’ o ‘ya no te quiero’.

El dueto era tan intenso, decían, que Hope tenía que vivir en Los Angeles y Roback en Inglaterra. Sólo se reunían para unos cuantos conciertos en el año. Tal vez más Mazzy Star hubiera hecho marchitarse a la Tierra misma.

Poco tiempo después, lanzarían Among My Swan, tercer y último LP, una bitácora de su viaje como agrupación. Tenía las melodías sencillas del primer disco y los momentos oscuros del segundo, era una amalgama perfecta para despedirse y seguir sus caminos separados.

Desde entonces, Hope ha seguido su carrera como solista con una nueva banda: The Warm Inventions. Además ha colaborado con los Chemical Brothers, The Jesus and Mary Chain, Air, Death in Vegas y Massive Attack, por nombrar sólo a algunos. Afortunadamente no tuvimos que llorarla antes de tiempo.

Yo la prefiero recordar como Mazzy, o como Star, no lo sé. La melancolía gozosa de esos tres discos es insuperable, su belleza es infinita. Como sale la luna cada noche a iluminar el descanso de los hombres, Hope cantaba para mecernos hasta alcanzar el sueño.


Recuerden, añoren, extrañen, con Fade Into You:



Sólo pícale a la imagen para descargar. Si no tienes descompresor de .rar bájelo de acá.
  • Mazzy Star, So Tonight That I Might See. Capitol, 1993. Gracias, Zu




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8 de mayo de 2007

¡SUBESTÍMAME ÉSTA!

THE BATS

Por Emmanuel

The Bats

Qué emoción debe sentir el biólogo cuando encuentra el eslabón perdido entre dos especies, o el arqueólogo que descubre la mítica ciudad enterrada de una civilización. Me imagino que se debe sentir como cuando descubrí a The Bats, la gran banda perdida de finales de los ochenta.

No solamente tienen uno de los nombres más chingones en la historia del rock, también son el puente perfecto para comprender a tantas bandas de la escena actual, con su sonido a los Smiths, R.E.M., Violent Femmes, The Cure, Joy Division, Josef K, etc. A quien le guste Interpol, Stellastarr* y demás banditas oscuras-popperas, ésta es una parada obligatoria. La primera vez que escuché el primer track de su recopilación, Thousands of Tiny Luminous Spheres un foquito se prendió encima de mi cabeza. Fue en realidad una epifanía que me dejó ver claramente cómo se había mudado el college rock al mainstream rock, ¡una década antes de que ocurriera!

Incluso ahora puedo decir que hay bandas actuales que son un completo plagio a los Bats (Paul Banks: espera una carta de mis abogados pronto).

Sus discos (inconseguibles en México, por supuesto) son fósiles perfectos de una época y un lugar que para ese entonces no estaba a nuestro alcance. Así como las Galápagos inspiraron a Darwin a desarrollar su Evolución de las Especies, Nueva Zelanda nos regala un espécimen inmaculado, de sonido ingenuo pero verdaderamente genial. Sólo las islas son capaces de crear belleza tan disímil y única.

Escuchen a The Bats y díganme si no se merecen un mejor lugar en los anales del rock (jojo, anales). Escúchenlos y desechen a tanta bandita caguengue que suena en nuestras frecuencias radiales sin proponer nada, copias de copias. Cuando llega la noche y la hora de agasajarse, The Bats rule the skies.

Pueden descargar Thousands of Tiny Luminous Spheres aquí y de paso chequen Btbeat.com.
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16 de abril de 2007

¡SUBESTÍMAME ÉSTA!

BELLY

Por Emmanuel

Belly


La genealogía del rock americano tiene por ahí una familia de harto honor y tradición, llamémosla la familia Deal - Hersh. Por un lado, Kim Deal, co fundadora de los Pixies y posteriormente los Breeders. Del otro, Kristin Hersh, líder y maestra de los Throwing Muses (quienes merecen un post aparte). Ya comienzan a ver, entonces, la grandeza de esta casa. Como en novela victoriana, esta familia está unida por una pequeña Cenicienta siempre a la sombra de sus hermanastras. Su nombre es Tanya, de cabello rubio, ojos verdes y perfil de hada.

Tanya Donnelly realmente es hermanastra de Kristin Hersh, ellas se conocieron a los 14 años en la escuela y poco después el padre Hersh se casaría con la madre Donnelly. Así, Tanya formaría parte de la primera alineación de los Throwing Muses en los ochenta. Donnelly se uniría también a la primera concepción de los Breeders, como segunda guitarra y única co-compositora en la historia de la banda.

Donnelly sólo grabaría un disco con los Breeders, Pod, y rápidamente fundaría su propia banda, llamada Belly. Desde el nombre se vislumbraba algo distinto, algo entrañable y a la vez gutural. Junto con los hermanos Thom y Chris Gorman, graba el primer disco de la banda, titulado Star, que milagrosamente escalaría las listas de popularidad con su pegagoso sencillo Feed the Tree. Las letras de Donnelly eran oscuras, hablaban de ángeles diabólicos, niñas mentirosas, hombres con perros tullidos en sus espaldas, lunas rojas amenazantes; la portada del disco eran pequeñas bailarinas de plástico iluminadas en una luz blanca y tenebrosa... un universo macabro que difícilmente podía salir del marco hermoso y pequeñísimo que era Donnelly. De pronto, el mundo rockeaba con sus canciones, la ovacionaba en todos los shows gringos, desde Leno, Letterman, O'Brien, 120 Minutes... Belly era una bola de fuego sin control.

Para el segundo disco, llamado King, el bajista original sería sustituido por Gail Greenwood, una metalera de Boston que le daría un nuevo toque a la banda, llevándolos por un camino diferente al resto de las bandas noventeras. Rock clásico y letal, directo a la yugular. Su fuerza superaba por mucho al debut. La portada en este caso era una escena de casino: dados sobre una charola de plata. Y así era el disco, un tiro arriesgado pero lujoso, una apuesta que el mundo decidió no tomar. El segundo esfuerzo de Belly fue mal recibido, la euforia grunge había desaparecido tan rápido como el cabello de Billy Corgan y el ingrato MTV abandonó a las bandas que los harían millonarios. Tanya Donnelly continuó su carerra como solista, mucho más relajada, ahora madre, acústica y sensata.

Pero esos cuatro años que duró Belly, con sólo dos discos bajo el brazo y varios b-sides preciosos desperdigados por soundtracks y recopilaciones son suficientes para incluirlos en mi Salón de la Fama. Su música era una mezcla perfecta de furia y dulzura, los mundos imaginados por Donnelly eran verdaderos pasajes de locura sacados de Poe, de Lovecraft, pasados por el country, el rock, el grunge más salvaje que hayan escuchado.

Tanya Donnelly es la princesa encerrada en la torre que ríe al último. Star fue tan exitoso que superó en ventas a toda la discografía completa de los Breeders y los Throwing Muses juntos. La leyenda dice que Hersh (eterna reina bipolar) desintegró a los Muses cuando se enteró de esto, no pudo con el rencor. Kim Deal se encerró diez años para beber y drogarse después de que el mundo la olvidara.

Una historia de Éxito totalmente merecido. Belly es una de las grandes bandas que nadie escuchó. Sus discos son testimonio de una estrella fugaz que pasó por el mundo, lo iluminó todo y luego regresó a su órbita sideral. Un fenómeno así no pertenece al mundo terrenal, debe volar por siempre encima de nosotros.

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He aquí su debut en televisión, con Feed the Tree:

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7 de abril de 2007

Subestímame Esta

Por Emmanuel

They Might Be Giants


tmbg

El humor es uno de los factores que no se consideran en el rock cuando tienes lo sexy, lo oscuro, lo rudo, lo rebelde, en fin, todo lo que es EL ROCK. Pero ha habido muchas bandas que han apostado por ser comediantes finísimos o verdaderos Polo-Polos con su música: Oingo Boingo, Cake, The Rapture, el Bloodhound Gang, etc.

Pero de todos ellos, los menos valorados son precisamente los mas brillantes.

They Might Be Giants son dos juanes: John Flansburgh y John Linnell, quienes desde mediados de los ochenta crean un punk pop inteligente, bizarro y sumamente cagado mezclando todos los ritmos posibles con todos los temas habidos y por haber. Música geek que sólo entiendes de dos maneras: siendo un erudito que entiende las referencias elevadísimas de sus canciones, o siendo un pachecazo simplón que se bota de risa con las estupideces cantadas.

Los TMBG comenzaron su carrera a través de un conmutador. En una venta de garage encontraron dicho aparato y tuvieron la idea de poner una hotline de canciones. Cada que marcabas al Dial-a-Song, podías escoger una de nueve canciones disponibles para la semana. Así, tenían que componer rolas de un minuto, con una producción simple, limpia. El hotline fue un éxito en su natal Boston (ah, Boston, qué inteligente eres) y de pronto los juanes tenpían en sus manos el estrellato anónimo.

De ellos tal vez han escuchado el tema de la serie Malcolm in the Middle o la rola de Dr. Evil en Austin Powers. Sin embargo, su carrera ha sido mucho más larga, prolífica y consistente. De sus discos resaltan el brillante Apollo 18 y mi favorito, John Henry. De sus mejores canciones puedo enlistar algunas que merecen explicación:

- Particle Man: una tonadita idiota nos cuenta la historia de Particle Man, demasiado pequeño para verlo, Triangle Man, gruñón rompe-madres, y Universe Man, el ser más noble del universo, y la eterna batalla entre los tres.

- Meet James Ensor: una de tantas referencias cultísimas. Habla de James Ensor, uno de los pintores más subestimados de Bélgica, que vivía 'con su madre y los tormentos de Cristo, antes de que existiera la basura y las tiendas de basura'.

- Dr. Worm: cantada desde el punto de vista de un gusano que quiere ser baterista y ensaya todos los días para triunfar. En realidad no es un doctor, pero si es un gusano, y algœn día lo llamarás por su nombre artístico.

- The Statue Got Me High: un monumento de granito droga a sus espectadores con su inconcebible belleza, para convertirlos en otras estatuas. Freaky.

- Mammal: la única canción taxonómica que yo conozca, nombrando a nuestros lindos primos mamíferos. Desde el murciélago, el gato, el koala y el delfín, la diferencia entre vivir y morir es un vasito de leche y un corazón de 4 ventrículos.

- No One Knows My Plan: el lado no conocido de la historia del pobre hombre en la caverna de Platón, buscando escapar hacia la verdad.

- Older: simplísima sentencia de vida -ahora eres más viejo de lo que has sido, ahora más, ahora más, y AHORA AÚN MÁS!

Y cabría mencionar que sus últimos discos, No! y Here Come the ABCs son para niños, lo cual los hace diez veces más chingones.

Si tienen ganas de carcajearse mientras están atorados en el tráfico, esta es la banda. Desentiérrenlos, salúdenlos, aprécienlos.

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Aquí, el maravilloso y talentoso Dr. Worm:


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15 de marzo de 2007

¡SUBESTÍMAME ESTA!

Por Emmanuel

JAMES

Aunque el rock y luego el punk se hayan inventado en Estados Unidos, las GRANDES bandas siempre han salido del Reino Unido. Y como los ingleses no son nada especiales, siempre se tienen que estar peleando por saber quienes son los más chingones. A mediados de los noventa, varios grupos se peleaban el título (en realidad el segundo puesto: nadie superaba o superará a Radiohead). En esta esquina, Oasis; en esta otra, Blur, por allá Suede se aburre como ostra.

En medio de esta lucha estúpida de egos, la mejor banda pasaba desapercibida por completo. Tal vez debido a la simpleza engañosa de su nombre: James.

¿James Quién? James a secas. James es lo único que necesitas saber. El Everyman, que le dicen. Para entonces ya tenían una carrera de diez años, historia parecida a Pulp que después de muchos discos por fin lograron el estatus de estrellas con su Different Class. James lo lograría con Laid, ese disco donde todos salían comiendo bananas vestidos de mujer en la portada. Ustedes recordarán ese gran video titulado igual, donde los inglesitos salían disfrazados de amas de casa, con máscaras teatrales y subtítulos irónicos. Además de esa rola, sólo She's a Star saldría en la rotación de MTV y no culparía a toda una generación por pensar que James son un one-hit-wonder. No los culparía, pero si les daría un zape y les quemaría unos buenos discos recopilatorios de esta banda, porque tienen que escucharlos bien.

Justo antes de Laid, la banda de Manchester había grabado un disco muy extraño llamado Wah-Wah con el maestrísimo Brian Eno. Trabajar con ese señor es ser bendecido por la Divina Providencia, como bien lo sabe U2. Su toque puede catapultar a cualquier banda hacia el límite creativo y así le pasó a James. Después de esa producción y hasta que se desintegraron fueron para arriba sin freno, y como Ícaro, tocaron el sol y sus alas se quemaron.

Y es que James es de niveles mitológicos, épicos. Su fuerte era escribir himnos más grandes que ellos mismos. Laid es el mejor himno a la melancolía amorosa, Say Something al silencio incómodo, Ring the Bells al ateísmo liberador, Someone's Got It In For Me al arrepentimiento golpeador, Sit Down a la empatía, Sometimes al Diluvio redentor y Getting Away With It a la vida misma, tan llena de errores.

Para aquellos que gustan carnita y sustancia en su música, James es una parada obligatoria. Un colectivo de virtuosos que no le debían nada a nadie, lidereados por uno de los vocalistas más letrados, carismáticos y hermosos de todos los tiempos. Les recomiendo todos los discos posteriores a 1993: Laid, Whiplash, Millionaires, Pleased to Meet You y su concierto de despedida: Getting Away With It. Mientras Damon Albarn y los Gallagher se jalaban las trenzas, Tim Booth y compañía estaban ocupados siendo maravillosos.

Hace unas semanas Diez a Uno dejó para descargar el Best Of.... Es un buen punto para comenzar a disfrutar a una banda tan grande y tristemente poco valorada. En lo que baja, les dejo el video de una de mis canciones favoritas, Ring the Bells:

"When you let me fall
Grew my own wings
Now I’m as tall as the sky
When you let me drown
Grew gills and fins
Now I’m as deep as the sea
When you let me die
My spirit’s free
There’s nothing challenging me!"
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