Por Emmanuel

De todas las rockstars de los 90, quedan pocas inmaculadas. A muchas de ellas les dio el síndrome maternal y ahora son un suspiro de lo que fueron. Otras siguen dizque rockeando, provocando más vergüenza que erecciones (Courtney, te estoy viendo a ti).
Quién diría que PJ Harvey, esa hija menudita de la campiña inglesa de nariz prominente y punk abrasivo sería la sobreviviente más orgullosa de una generación entera.
A través de los años, la música de Polly Jean Harvey ha visto enormes cambios, iniciando en el post-punk de Dry y Rid of Me, experimentando con un rock más narrativo en To Bring You My Love e Is This Desire?, reinventándose como una Patti Smith glamorosa en Stories from The City, Stories from the Sea, emulando a Sleater Kinney en Uh Huh Her y finalmente, encarnando trágicamente a la Dama de Shallot en White Chalk.
En sus diferentes facetas, lo que se ha mantenido constante es su enorme capacidad para permanecer feroz y contundente cuando todos sus contemporáneos ya se han suavizado.
Lejos están los gritos desgarradores de Rid of Me (Lick my legs, I’m on fire, lick my legs of desire!), pero incluso en el silencio de White Chalk existe una violencia poco usual.
No son pocas las personas que consideran a Polly Jean Harvey como una de las artistas más importantes de estos tiempos. Ha colaborado con John Parish, Josh Homme (Queens of the Stone Age), Tricky, Mark Lanegan y el mismísimo Thom Yorke. La ciudad de México descubrió también, hace cuatro años, que sus shows en vivo son electrizantes y que a pesar de su corta estatura, lleva dentro la fuerza de un tornado.
Vaya usted a saber si es que Polly no ha tenido hijos lo que la mantiene en forma, o si es el opio lo que desata a la banshee emputada. Lo que es cierto es que por más de 15 años ha sostenido una reputación impecable como una de las voces más honestas y fieles al verdadero espíritu del rock: sexo, drogas y demonios. Por eso y muchas cosas más, Diez a Uno les regala una colección con lo mejor de la reina indiscutible del rock: PJ Harvey.

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De todas las rockstars de los 90, quedan pocas inmaculadas. A muchas de ellas les dio el síndrome maternal y ahora son un suspiro de lo que fueron. Otras siguen dizque rockeando, provocando más vergüenza que erecciones (Courtney, te estoy viendo a ti).
Quién diría que PJ Harvey, esa hija menudita de la campiña inglesa de nariz prominente y punk abrasivo sería la sobreviviente más orgullosa de una generación entera.
A través de los años, la música de Polly Jean Harvey ha visto enormes cambios, iniciando en el post-punk de Dry y Rid of Me, experimentando con un rock más narrativo en To Bring You My Love e Is This Desire?, reinventándose como una Patti Smith glamorosa en Stories from The City, Stories from the Sea, emulando a Sleater Kinney en Uh Huh Her y finalmente, encarnando trágicamente a la Dama de Shallot en White Chalk.
En sus diferentes facetas, lo que se ha mantenido constante es su enorme capacidad para permanecer feroz y contundente cuando todos sus contemporáneos ya se han suavizado.
Lejos están los gritos desgarradores de Rid of Me (Lick my legs, I’m on fire, lick my legs of desire!), pero incluso en el silencio de White Chalk existe una violencia poco usual.
No son pocas las personas que consideran a Polly Jean Harvey como una de las artistas más importantes de estos tiempos. Ha colaborado con John Parish, Josh Homme (Queens of the Stone Age), Tricky, Mark Lanegan y el mismísimo Thom Yorke. La ciudad de México descubrió también, hace cuatro años, que sus shows en vivo son electrizantes y que a pesar de su corta estatura, lleva dentro la fuerza de un tornado.
Vaya usted a saber si es que Polly no ha tenido hijos lo que la mantiene en forma, o si es el opio lo que desata a la banshee emputada. Lo que es cierto es que por más de 15 años ha sostenido una reputación impecable como una de las voces más honestas y fieles al verdadero espíritu del rock: sexo, drogas y demonios. Por eso y muchas cosas más, Diez a Uno les regala una colección con lo mejor de la reina indiscutible del rock: PJ Harvey.
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