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8 de junio de 2008

COLMENA 2008

o "Miles de emos se autoflagelan asistiendo a festival infernal"

Por Emmanuel

Imágenes cortesía de Evelio Robles



México sufre de 'festivalitis', como bien lo apunta Patricia Peñaloza en su columna de La Jornada.

Aparentemente, la 'festivalitis' puede provocar demencia, psicosis y aunque no está comprobado, hasta la muerte.

El Festival Colmena 2008 presumía de ser un festival sano, pero terminó siendo un foco de infección letal para los asistentes, sus organizadores, y el futuro de los festivales en el país.

HISTORIA DE UNA EPIDEMIA

12:00 hrs.

La gente en Ciudad Universitaria subía a los camiones. La mayoría se veían emocionados. No así los encargados de Live Tours, quienes se quejaban de hueva por tener que esperar a que se fueran todos en la noche. Algo no pintaba bien.

14:20 hrs.

Arribamos a Tepoztlán. Lo único que parecía ominoso era el clima y es que a la lluvia de Tepoztlán hay que tenerle respeto. Afuera del lugar, la banda aprovechaba para tomarse unas caguamas. En la cola podíamos escuchar los gritos lastimeros de Natalia Lafourcade, quien hacía el ridículo a control remoto.

15:00 hrs.

El 'recinto sagrado' resultó ser una pinche cancha de futbol enclavada entre cerros majestuosos. Bajamos por un camino de tierra sin iluminación y encharcado en partes. Sería un reto a la salida. Ya en la explanada nos encontramos con una producción pequeña. Agua, cerveza sin alcohol, puestos caseros de comida. Nos sentamos a relajarnos, pero la ‘festivalitis’ seguía su infección y ya habíamos perdido la conciencia de dónde estábamos y de quiénes estaban a cargo de nuestra seguridad. Cerca de esa hora escuchamos a Juanson, los Simplifires, Los Dorados y los Cojolites. Todos intradescendentes.

17:00 hrs.

La Chikita Violenta se presenta y resultan peores que de costumbre. Al final de su set, agradecen a un tal Pablo (Zacarías, organizador) por el festival. Muchos habríamos de recordar su nombre y a su mamá horas después. Por lo pronto, agradecimos que el set de los pedorros esos fuera tan corto.

18:00 hrs.

Andrew Bird aparece solo sobre el escenario. Armado con un violín y una guitarra, crea la música más hermosa, grabándose él mismo y sampleando lo recién tocado. Bromista y virtuoso, se ganó al público. Una verdadera revelación: ese hombre tiene en un dedo meñique más talento que todos los bananeros que se presentaron antes que él.

19:10 hrs.

La espera ha terminado, y Sigur Rós interpreta su primera canción. Por unos instantes, los 3 cerros se ven hermosos, iluminados por la música de los islandeses, pero Sigur se detiene. El baterista sufre de alguna aflicción misteriosa (¿festivalitis?) y debe dejar el escenario. 40 minutos después, regresar era ya una misión perdida. Sin un integrante, logran interpretar 3 canciones más, adornadas con una efectista lluvia de papel y plástico que sugería una nube de luciérnagas. ¿Alguien del festival ‘ecologista’ pensó en el daño de ese detallito? ¿En todos los animales alrededor que habrán muerto por comerse esos pedacitos de plástico brillante? La presentación de la banda fue como si el bebé de Ágætis Byrjun hubiera nacido muerto.




21:20 hrs.

Termina oficialmente el festival, Nos dirigimos al camino de salida, para encontrarnos atrapados. La columna de gente apenas se mueve. Recordamos la falta de luz y los charcos, caminando paso a paso en oscuridad total. No vemos a ningún organizador en todo el trayecto.

22:00 hrs.

En la carretera nos encontramos con el peor caos jamás visto. Mares de personas sin orden alguno preguntan por los camiones. Algunos ya van llenos, pero van en sentido contrario. Pobres de sus pasajeros, seguro no salieron de ahí hasta bien entrada la madrugada. Un organizador desquiciado intenta contestar a las preguntas de miles, sin lograrlo. La gente comienza a darse cuenta: estamos todos varados en quién-sabe-dónde. Comenzamos a bajar por la carretera en busca de un camión, de alguien con respuestas, lo que sea. Miles nos acompañan, es lo único que nos hace sentir seguros, pero el miedo es inminente. Dos horas después, encontramos un hotel y decidimos probar suerte con un cuarto. En la recepción nos dicen que es el lugar donde se quedan las bandas y los organizadores. De pronto aparece Sigur Rós en el lugar, con baterista y todo. Fue un golpe de suerte ridículo en medio de nuestro infierno. Seguido, entra uno de los organizadores. La dueña del hotel le pregunta: “¿Qué pasó, está todo bien?” Nosotros esperábamos una respuesta agitada, una preocupación por los miles que caminaban sin rumbo en la oscuridad. En cambio, la respuesta del idiota es: “Todo bien, ya conseguimos el alcohol, ahora sólo me preocupa que esté bien el sonido”. ¡¡Organizaban su after party!! Ese fua la gota que derramó el vaso. Minutos después, un taxi nos recogía y conseguimos un aventón al DF. Habíamos escapado, pero como pudimos constatar de bajada, miles aún buscaban desesperados una manera de regresar a sus casas. Estoy seguro que muchos no lo lograron.

3:00 hrs. del domingo

Maltrechos y frustrados, llegamos a nuestras casas. Con una promesa rota de organización espectacular. Con una desesperación en el corazón por saber que lo que pudo haber sido un concierto estupendo, fue un rotundo fracaso. Con adrenalina aún en la sangre y los músculos, a sabiendas de que cualquier cosa nos pudo haber ocurrido en ese tramo olvidado de carretera. Pensamos en la gente que no tuvo tanta suerte como nosotros, a la que sí le pasó algo, en una chica embarazada que vimos, otro con muletas… ¿Qué fue de ellos? ¿Estarán bien? ¿Habrá alcanzado la champaña en la fiesta privada de 2 Abejas?


DIAGNÓSTICO FINAL


El Festival Colmena 2008 murió la noche del 7 de junio a causa de estupidez organizativa.

Sus asistentes estuvieron a punto de morir debido a su confianza en una empresa improvisada de producción, con cero conocimientos de logística.

Sus empresarios se inflaron las carteras a costa de miles de enfermos que sólo querían ver a su banda favorita.

Otros cientos aún sufren de alucinaciones peligrosas, argumentando que todo lo que ocurrió anoche vale la pena por haber visto a Sigur Rós 40 míseros minutos. No hay nada que hacer por estos pobres, su muerte cerebral es irreversible.

Otros miles más necesitarán tomar medidas urgentes de curación, abriendo una demanda legal contra 2 Abejas por los siguientes cargos: incumplimiento de contrato, fraude y poner en riesgo a sus clientes y la vía pública.

Si este festival hubiera ocurrido en otro país, alguien ya estaría en la carcel y todos tendríamos el reembolso de nuestro boleto. Si todos los que fuimos tuviéramos conciencia cívica, sería nuestra obligación entablar esa demanda inmediatamente, para proteger a futuros asistentes a conciertos que merecen ser tratados con responsabilidad.

Pero me imagino que no pasará nada, nos dejaremos abusar como siempre. Porque estamos enfermos de festivalitis aguda. Porque 'estuvo chida la lluvia de papelitos'. Porque nos vale madre todo. Así nos educaron y así moriremos. Explotados y apendejados. Pero no pendejos como los 2 Abejas, que merecen no volver a organizar nada en sus vidas y pudrirse en una celda por imbéciles.


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2 de junio de 2008

Sigur Rós

Por Sofía

Recuerdo la angustia que me provocaba no poder cantar canciones en inglés cuando era chica. A los siete años llenaba cuadernos con letras de canciones "como se pronunciaban", por lo necesario que resultaba para mí imitar lo que la banda estaba diciendo. Imitar, no entender. Sentir, no conocer. Así comencé a garabatear shilovsyus y lovmidús. Un deseo profundo por ser parte de la música que me gustaba, por conjugarme con ella, me orilló a buscar alternativas a la comprensión y el dominio de un lenguaje: más allá de eso, logré tener lo que en ese entonces no conocía como experiencia estética, sino como sensaciones incomprensibles en la piel y el alma.

La sensación volvió hace unos años cuando escuché por primera vez una canción de Sigur Rós. Recuerdo las circunstancias perfectamente, pero eso a nadie le importa. Baste decir que la infantil angustia regresó: no comprendía una palabra. Y sin embargo, ¿por qué su música se sentía tan cercana, tan familiar, tan propia?

Sucede intuitivamente: buscamos significados y sentidos. Rastreamos desesperadamente una razón por la que los hechos son como son y no de otra manera. Pasamos horas y días justificándonos frente al mundo, afirmando que lo que ha pasado necesariamente tiene sentido. Pero de vez en cuando, de forma deliciosamente esporádica, sucede algo que nos arranca del torrente de la razón y nos entrega a un placer genuino; uno en el que no nos preocupamos por el significado de lo que sucede alrededor, ni por su relevancia racional. De vez en cuando y de manera deliciosamente esporádica, conocemos a una banda como Sigur Rós.



En Reykjacik, Islandia, alrededor de diciembre de 1994, Jón Þór Birgisson y Ágúst Ævar Gunnarsson (que eventualmente abandonaría la banda) formaron Sigur Rós. Este nombre no es otra cosa que una sencilla adecuación: la hermana del vocalista Jón Þór Birgisson nació por la misma época en la que ellos nacieron como banda. Ella fue nombrada Sigurrós y ellos aprovecharon para bautizarse Sigur Rós, que puede traducirse como Rosa de la Victoria. Aunque comenzaron a componer rápidamente, su primer disco tardó tres años en realizarse, entre otras razones, por los problemas económicos que tenían; para pagar al estudio donde grabaron tuvieron que pintar sus instalaciones. Finalmente, Von vio la luz en septiembre de 1997, con un éxito moderado; al siguiente año aparecería Von Brigði, con remixes del disco anterior. Este disco tuvo éxito en Islandia, quizá en parte porque la ayuda de Gus Gus estaba de por medio.

En 1999 Sigur Rós llegaron a un punto de popularidad significativo: con su álbum Ágætis Byrjun alcanzaron su segundo disco de platino, en un país como Islandia quiere decir que una de cada quince personas lo tiene. También en este año comenzaron a llegar a oídos americanos y muchas disqueras pelearon por la publicación de Ágætis Byrjun. Pero fue hasta el 2001 que el disco se editó en Estados Unidos; después de recibir numerosos reconocimientos en muchas partes del mundo. Ágúst Ævar Gunnarsson renunció como baterista de la banda para seguir un objetivo artístico distinto y fue reemplazado por Orri Páll Dýrason. Sigur Rós continuaron con su exitosa carrera, por un lado invirtiendo el dinero obtenido en la construcción de su propio estudio (Alafoss) en Islandia, y por otro realizando una extensa gira por Estados Unidos.



La siguiente entrega de Sigur Rós sería un desafío a todo lo establecido. Carente el álbum de título, carentes de título las canciones, resultaba difícil referirse a él: '( )'. La propuesta no deja de ser impresionante: la gente debe completar la obra, el que escucha es parte del proceso creativo. El booklet incluido en el disco consta de hojas totalmente en blanco, que según los propios integrantes de Sigur Rós, pueden ser llenadas de dibujos, letras; ( ) no es una obra acabada. Así, la banda puso al alcance de los que reciben su arte la posibilidad de formar parte del proceso creativo. Pero el experimento no se queda ahí: no hay un lenguaje concreto utilizado en el disco. Algunos afirman que la banda creó el suyo propio, pero lo cierto es que el disco está plagado de balbuceos y sonidos vocales que funcionan como un instrumento más, dicho "lenguaje" recibió el nombre de volenska (o hopelandic) porque la primera canción en la que Jón Þór lo ocupó, años atrás, fue Von.

( ) no fue recibido con la misma aceptación y entusiasmo que Ágætis Byrjun, diversas críticas tacharon a los islandeses de pretenciosos; quizá esto se deba a una mala lectura de lo que el disco realmente representa. ( ) es la posibilidad del regreso a la inocencia primitiva del ser humano, leyéndose esta afirmación como la capacidad de comunicarse por medio de balbuceos y expresiones aparentemente sin sentido; poseer la sabiduría de un niño. La portada del disco es la representación de esta libertad: un par de paréntesis entre los cuales puede escribirse cualquier cosa. No hay nada definido, no hay nada establecido, pasen al mundo del juego de recreación continua.

En este momento Sigur Rós ya podía fácilmente definirse como una de las bandas más importantes a nivel internacional. Para cuando apareció Takk en el 2005, todo el mundo esperaba escuchar lo que tendría que ser forzosamente un clásico. Dudo que alguien hubiera quedado decepcionado. Si aquel regreso a los juegos infantiles había quedado sugerido como posibilidad en ( ), Takk llegó para marcar contundentemente que la libertad de un niño puede obtenerse en cualquier momento. Hoppípolla, una de las canciones del disco de mayor alcance (quizá debido a su toque profundamente popero, pero no por eso menos dramática), muestra en su conmovedor video a un grupo de ancianos jugando a ser niños y jugado como niños. Glósóli, por su parte, retrata la travesía de (otra vez) un grupo de niños que se dirigen a un espacio abierto y liberador. Estos dos vídeos son ejemplos claros de la importancia que los miembros de Sigur Rós conceden a la representación visual de su música; no es de sorprenderse que el arte de cada uno de sus discos sea tan cuidadoso como bello. Takk trajo consigo una extensa gira; hacia el 2006 Sigur Rós regresaron a su lugar de origen, Islandia, para hacer una serie de presentaciones gratuitas. El resultado: el primer DVD en vivo de la banda (que incluye además entrevistas y material visual impresionante), el nombre que recibió fue Heima.

Así, con un regreso al hogar, nos hacen partícipes de aquello que consideran como propio, su patria, su lugar de origen. Y es que muy probablemente seamos incapaces de hablar o entender islandés o hopelandic; pero cuando se está frente a lo que va más allá de las palabras, los significados y lo sentidos, el lenguaje verbal es lo que menos importa. La música que te vuelve uno solo con el mundo flota al alcance de todos los que estén dispuestos a adoptarla como propia y convertirla en su patria y su lugar de origen.




Sigur Rós - Takk...
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