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TattooHunterDespués de más de un año de hiato, el 30 de Mayo La Barranca presentó su nuevo disco,
Providencia, en un Metropólitan que registró buena entrada, pero se quedó lejos del sold out. Este concierto desafió todo pronóstico, ya que la ruptura de los hermanos Arreola y de Alejando Otaola parecía sepultar definitivamente a uno de los mejores grupos de rock mexicano contemporáneo.
Sorprendiendo a propios y extraños, José Manuel Aguilera reunió a la alineación original de La Barranca –Federico Fong y Alfonso André– para continuar haciendo lo que mejor saben hacer: crear música.
Debo aclarar que yo nunca había escuchado a esta primera alineación de La Barranca. La primera vez que los escuché fue en el 2002 con
Denzura. LB como trío, en vivo, me eran completamente desconocidos. Durante cinco años viví, me desgañité y quedé apabullado con Otaola y Aguilera haciendo llorar a la guitarra de rabia y de alegría, con Alonso haciendo añicos la cuarta pared al permitir al público aporrear su bajo en medio del jam, con los efectivos y apasionados tamborazos de Chema. En pocas palabras, yo estaba acostumbrado a que, en vivo, La Barranca eran un grupo homogéneo musicalmente hablando.
El viernes, lo que prometía ser el fin de una terrible temporada de sequía, terminó de confirmar lo que muchos temíamos: no es lo mismo los tres mosqueteros que veinte años después.
No fue un concierto malo, ni de lejos, los músicos se entregaron completamente al público; pero fue inevitable, al menos para mí, comparar lo que tuvimos con lo que tenemos. El guitarrista invitado, quien toca con el trascendentalísimo y archirreconocido grupo "Cohete" tiene talento, sin duda; pero a pesar de haber dado su mejor esfuerzo, su participación puede ser llamada, viéndome generoso, como "cumplidora". Fong tocó su bajo sin importarle nada más, dándonos la espalda a los asistentes una buena parte del concierto –llámenme purista si quieren, pero eso me encabronó muchísimo– y la presencia de Alfonso André se notó hasta el final del concierto en que agradeció los aplausos. La homogeneidad de los dos discos anteriores se perdió; esa noche todo giró, lamentablemente, alrededor de José Manuel Aguilera.
No quiero ser malinterpretado, La Barranca aún con esta "vuelta a lo clásico" siguen siendo de los mejores grupos de rock que ha dado este país, cuando no el mejor. El nivel de la tocada del viernes sigue siendo mucho más alto que el del estándar de este país, muchos grupitos de "rock" venderían su alma por poder llegar a esa altura. Sin embargo, de lo que tuvimos a lo que tenemos hoy, veo con muchísima tristeza que la alineación anterior era más intensa, más homogénea, más apasionada e incluso tenía un mejor desempeño musical.