A mitad de los 90 todo comenzó a nublarse. La agresiva introducción al mercado del concepto ‘grunge’ rápidamente envolvió al rock en una masa amorfa y gris que encasilló a muchos artistas, restándoles brillo.
En MTV se mezclaban Veruca Salt, Elastica, los Stone Temple Pilots, y por ahí, de repente, se escuchaba una canción llamada Popular.
La rola hablaba básicamente de los amores adolescentes y el sistema de popularidad que tanto daño hace a los jóvenes norteamericanos. Era interesante el punto de vista sórdido y decadente, y potentísimo el puente:
Esa canción ha sobrevivido la prueba del tiempo y sigue siendo uno de los mejores ejemplos del rock de esa década, y la banda que la interpretaba, Nada Surf, ha sobrevivido también de una manera estupenda.
A diferencia de innumerables one hit wonders, Nada Surf ha evolucionado a través de varios discos hacia un sonido fresco, que convive perfectamente con una nueva camada de bandas como Los Decemberists, Death Cab for Cutie o Rilo Kiley. A los guitarrazos ‘groncheros’ han ido agregando arreglos de cuerdas y vientos que dan otra dimensión a sus composiciones.
Especialmente agradable es su disco del 2005, The Weight is a Gift (producido por Chris Walla de Death Cab). Ésta es una producción de gran sensibilidad armónica y letras personales que contrasta con la agresividad del Nada Surf de 1996, algo que se agradece.
Como siempre, una banda consistentemente brillante ha pasado por mucho tiempo desapercibida mientras generaciones enteras han perecido sin pena ni gloria. Afortunados nosotros, que el próximo miércoles 19 de noviembre tendremos a estos neoyorquinos tocando en el Salón Vive Cuervo. Si les gusta el pop inteligente y distorsionado, cáiganle ese día a disfrutar a una de las mejores bandas ocultas de los Estados Unidos.