2 de octubre de 2007

Sour Soul

Por Alejandro

Me encuentro en un lugar de la colonia Hipódromo Condesa llamado La Bodega, ubicado en una de las múltiples glorietas de ese curioso circuito llamado Ámsterdam. Realmente no estoy en La Bodega, sino en un salón ubicado en el segundo piso que recibe el nombre de El Bataclán. No sólo piso terrenos de desconocidos, sino que me ubico en un pequeño mundo dentro de otro mundo; lo alternativo dentro de lo alternativo, que irónicamente y por las leyes de la lógica, termina siendo algo conocido y con lo que podemos identificarnos. He venido al Bataclán a escuchar rock, no metalcore, indie ni garage, sino sencillamente rock.

El tono del escenario es de un retro kitsch que no termina de ser inocente ni cínico, muy en sintonía con el nombre de la banda, Sour Soul. Marco –el vocalista, y junto con Juan Rafael co-demiurgo de la banda – sale sin mucho alboroto con la cabeza gacha y se sienta con su cítara en un tapete. Comienza a tocar un ritmo repetitivo –me pregunto si eso será lo que llaman raga- sin muchas florituras pero que suena bastante bien. Un chico –que después me enteré, se llama Javier- acompaña ahora con las congas. Se incorporan Juan en la guitarra y David en la batería. Los jóvenes músicos tienen algo más de veinte años. Hasta ahora todo pende de un hilo, podría estar presenciando la epítome de la pretensión o un elegante proemio. En estos casos –y como debería ser siempre que se trata de música- el oído es quien tiene la última palabra.

El terreno tiene sus peligros. Si el sonido es simple y agradable, lo aparatoso del comienzo podría parecer superficial, pero si se inclina demasiado hacia lo complejo podría terminar por no ser inteligible, al menos para lo que imagino que será el target de la banda. A fin de cuentas todo se inclina hacia lo bueno. Juan –entrenado en guitarra clásica– refrena su virtuosismo para tocar una figura hipnótica con ingeniosas variaciones. Cuando la canción llega a su clímax, tras largas repeticiones y variaciones, la canción ya tiene varios tintes atonales. Debo confesar que esta parte me encantó; más por feeling que por contenido, me recordó un poquito ese disco instrumental de Café Tacvba donde Joselo se la pasa repitiendo riffs agudos y adictivos con su Telecaster.

La función continúa. Sour Soul canta predominantemente en inglés, una posibilidad que se antoja desde el nombre, pero que no deja de sorprender. Tras décadas de chauvinismo rockil en Latinoamérica parece que no hay peor herejía que cantar en la lengua de Dylan (Thomas, o Bob, da igual), sin embargo no está de más recordar que el mismo Lora –antes de todas estas mamadas de rock en tu idioma– dio un espectáculo bilingüe en Avándaro.

El sonido de Sour Soul es difícil de describir. En sus momentos más "progresivos" siento que me encuentro frente al nuevo Real de Catorce, en los coros más pegajosos que estoy escuchando tal cual rock de los sesenta. Uno no tarda mucho en darse cuenta que estos músicos no crecieron –como yo- escuchando a los Smashing Pumpkins y a Radiohead, sino a King Crimson y a los Beatles. Como sea, el balance es más que bueno.



David le pega bien a los tambores, aunque podría ser más variado en su dinámica, pues da la sensación de que toca todo el tiempo con intensidad máxima. Las aportaciones de Javier son medidas y justas; a veces está en la sutileza de un multiinstrumentista el hacer que un arreglo cuaje –una empresa difícil, para mí imposible en mis sesiones sabatinas de músico aficionado–. Marco canta muy bien, al grado que delata sus estudios; otra herejía dentro del rock mexicano, que en la última década ha ido desapareciendo por el surgimiento de las distintas academias que ofrecen licenciaturas en música popular. También toca el bajo como los hombres: cuatro cuerdas y sin plumilla. Le comenté a alguien que lo hacía muy bien, tanto en técnica como en creatividad, pero me dijeron que por humildad no se considera a sí mismo bajista más que de manera accidental. Allá él. Respecto a Juan ya he hablado un poco de su estilo en la guitarra, pero falta mencionar que la tercer parte del tiempo toca el banjo, no tanto al estilo country sino más bien irlandés.

El público abarrotado en el pequeño foro –si quitamos a los representantes de disqueras- era más joven que yo; por lo escuchado a la salida, la mayoría estudiantes universitarios de carreras bohemias; chicas que les gritaban a los músicos, sus novios celosos o amigos acompañantes que todavía no aprenden que "el amigo" siempre va a ser "el amigo". La relación de la banda con el público se puede calificar de transparente a pesar de los efectos dramáticos (pipas, columnas giratorias psicodélicas e indumentaria china); de vez en cuando platicando detalles sobre las canciones o la banda sin el menor atisbo de afectación.

Salgo contento de haber roto la promesa que me hice hace poco de no volver jamás a un bar de la Condesa. Quizá salí sintiéndome un poco viejo, a mis veinticinco años, porque a pesar de la corta distancia que me separa en tiempo de Sour Soul y su público, yo no pertenezco realmente a esa generación de iPods y myspace que ya no busca pertenecer al "sistema" o ser de la "resistencia", sino simplemente hacer lo que le da la gana.

SOUR SOUL MYSPACE.


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1 comentarios: on "Sour Soul"

Simplemente Diego dijo...

yo tampoco pertenezco a esa generación, pero, pues aquí me tienes con mi ipod y escuchando esas cosas raras.

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